Hay veces que no sé de donde cojones sacar las malditas fuerzas para seguir adelante, cuando veo un destello creo que son las cosas buenas en camino y finjo que de repente todo, por alguna razón extraña mejora, y el mundo se vuelve un lugar menos pesimista para alguien con unos ojos tan llorosos como los míos.
Pero de repente están esos días que no sabes que hacer, ni como. Que sientes que cojeas y que no tienes nadie a quién cojones agarrarte. Es como estar solo entre una multitud de gente en las calles de Nueva York: te sientes rodeada pero nadie sabe quién eres. Y es por eso, por razones como esas en las que te apoyas en la primera persona que cede y no le importa, al principio hacerlo.
Hasta que se cansa.
Entonces llegará otra y volverás a agarrarte a ella como si nada.
Y te darás cuenta de que,
te has pasado la vida recorriendo un camino tú sola
y sin disfrutarlo.
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